Experiencias de Intercambio

 

En septiembre del año 2011 fui parte de un programa de intercambio hacia Escocia, Reino Unido. Asistí a clases y estuve interna en Glenalmond College, un prestigioso colegio fundado en 1847 e inmerso entre las montañas de Escocia. En ese lugar tuve la oportunidad de mejorar considerablemente mi inglés, aprender acerca de su cultura y tradiciones, y por supuesto entablar grandes lazos de amistad.

Al ser una alumna extranjera entre muchos, el día a día con profesores tanto como con compañeros no incluía ninguna diferencia en comparación con los estudiantes de habla inglesa, debía cumplir con todos los deberes como cualquiera de ellos. Acostumbrarme a cambios tales como estar a miles de kilómetros de mi familia y amigos, asistir a clases de lunes a sábado, convivir con gente completamente desconocida, y estar las 24 horas del día oyendo y hablando un idioma no propio, hicieron el comienzo un poco difícil, pero bastaron un par de días para acostumbrarme y desear permanecer allá por más tiempo.

Me sorprendió la idea que tiene la mayoría a cerca de nuestro país. Al preguntarles sobre Chile, luego de los mineros y el terremoto, lo asocian con palmeras, playas, loros, música en las calles y altas temperaturas. No tarde en tratar de explicarles sobre la realidad de nuestro país y mostrarle algunos hermosos lugares para motivarlos a que nos visiten.

Aprendí muchas cosas en el ámbito académico y sin dudas también en lo personal. Fui parte de actividades de servicio comunitario donde trabajé como voluntaria en tiendas de caridad y granjas para personas con discapacidades mentales; aproveche la oportunidad para visitar Italia, España, Francia y Alemania; hice grandes amistades con personas de  China, Inglaterra, Kenia, Ucrania, Alemania, con los cuales aun mantengo el contacto, y tuve la oportunidad de ver la educación desde un punto de vista completamente diferente.

Estoy muy feliz de haber vivido esta experiencia, que sin duda, es una de las mejores de mi vida y de la cual guardo los mejores recuerdos.

Javiera Arriagada Quezada

 

 

 

En términos generales, yo definiría mi intercambio como una experiencia muy enriquecedora.

Fui de intercambio a Edimburgo, Escocia por un mes el año pasado (2011), allí asistí  al colegio St. George’s School for Girls como cualquier otra alumna, con un horario de clases, compañeras, tareas y pruebas, lo cual me sirvió para entender su sistema de educación estando dentro de él, además de conocer nuevas personas y mejorar mi nivel de inglés en todos los aspectos.

Pero la interacción va más allá de eso, no solo conoces gente y lugares, conoces una cultura diferente, una forma de funcionar diferente, que no aprenderás por medio del estudio de esta misma, sino a través de las vivencias. Definitivamente, amplías tus horizontes.

Mi inclinación humanista, me llevó a fijarme especialmente en la gente y la sociedad de país desarrollado que conforman; la visita a varios puntos turísticos de la cuidad me llevó a su historia, sus tradiciones y el origen de su famosa organización y disciplina.

Por otro lado, fue una oportunidad interesante de manejar mi propia vida como una persona “temporalmente independiente”, en el sentido de que, a pesar de vivir con una familia, fui yo quien tuvo que encargarse del viaje en general: administrar mi dinero, organizar mis paseos, conocer la ciudad, entre otras cosas. En este sentido, claramente uno crece y personalmente, siento que crecí mucho y disfruté mucho. Estos dos factores combinados hacen de un intercambio una experiencia divertida y educativa también.

Finalmente, y a modo de reflexión, puedo compararlo un poco con el viaje interior al que conlleva el viaje físico: está bien… tomas un avión, llegas a otro lugar, y vuelves; pero hay más, vas a otros lugares de ti, ya que la situación nos condiciona, distintas situaciones, distintas personas.

Constanza Rosas R.
4th Grade.